Vall de Gallinera y Puigpunyent hacen de la memoria compartida un puente vivo sobre el Mediterráneo
– El I Intercambio Cultural del Mediterráneo supera la lluvia y el viento y consolida un hermanamiento que proyecta retorno cultural, social e institucional entre los dos municipios
Vall de Gallinera, marzo de 2026. Durante toda la semana previa, el cielo fue un interlocutor más de la organización. Las previsiones cambiaban, el viento apretava, la lluvia amenazaba y, a una banda y a la otra del mar, ayuntamientos, colectivos y entidades iban ajustando horarios, espacios y decisiones con una idea fija: que el encuentro se pudiera celebrar. Había más en juego que una agenda de actas. Había una historia compartida esperando volver a ser dicha en voz alta.
Las telefoneadas, los mensajes y la coordinación constante entre Vall de Gallinera y Puigpunyent cosieron, en los días previos, una logística hecha de prudencia y de convicción. Hasta que llegó el momento simbólico que convertía toda aquella preparación en realidad: la expedición mallorquina subía al barco de Baleària rumbo a este trozo de Mediterráneo donde la memoria, más que pasado, continúa siendo una forma de pertenencia. En este punto hay que reconocer de manera especial el apoyo de la Fundación Baleària, que ha acompañado desde el principio el proyecto de hermanamiento y ha sido clave para que esta tierra de reencuentro haya pasado de la intuición histórica a la experiencia compartida.
El fin de semana del 7 y 8 de marzo, Vall de Gallinera acogió el I Intercambio Cultural del Mediterráneo: Tierra de reencuentro entre Vall de Gallinera y Puigpunyent, una iniciativa que ha servido para consolidar los lazos entre los dos pueblos hermanados y, al mismo tiempo, para actualizar con emoción, cultura y convivencia una relación que arranca de la repoblación mallorquina del siglo XVII.
A pesar de una climatología adversa, el intercambio se desarrolló gracias al esfuerzo colectivo, a la capacidad de adaptación de la organización y, sobre todo, al rescoldo del pueblo. La lluvia y el aire no deshicieron el programa; al contrario, subrayaron el valor de aquello vivido. El público, las entidades participantes y las personas voluntarias sostuvieron con su presencia y su compromiso un fin de semana que demostró que la cultura, cuando arraiga en la comunidad, también sabe resistir la intemperie.
El programa articuló un recorrido por espacios patrimoniales y escénicos del Valle, con momentos tan significativos como la apertura del Centro de Interpretación de Arte Rupestre de Benialí, la visita al Museo Etnológico la Almàssera de los Moltó de Alpatró, el intento de oobservació de el’Alineación Solar de la Foradà en el antiguo convento de Benitaia, que la falta de Sol va imposibilitar, y las actuaciones compartidas en el Centro Social Joan Pellicer, donde la música, la narración popular y la fiesta convirtieron el hermanamiento en una experiencia viva.
En este contexto, la Unió Cultural d’Amics i Amigues de la Vall de Gallinera ha ejercido un papel fundamental en la hora de recoser y explicar la memoria común. Porque este intercambio no solo ha sido una programación cultural: ha sido también una manera de volver a leer el territorio. La huella de aquellas familias mallorquinas que llegaron después de la expulsión morisca continúa presente, todavía hoy, en el Valle. Se puede rastrear en apellidos, en nombres de partidas, en calles, en maneras de decir, en costumbres, en giros del habla y en una sensibilidad compartida que el tiempo no ha borrado. Aquello que podría parecer solo materia de archivo se ha revelado, estos días, como un testigo vivo.

Desde esta perspectiva, el intercambio ha permitido entender que el hermanamiento entre Vall de Gallinera y Puigpunyent no es un gesto protocolario, sino una política cultural con vocación de futuro. Es una forma de convertir la memoria en relación estable, de hacer del pasado una herramienta de desarrollo comunitario y de generar oportunidades que van más allá del ámbito simbólico.
Por eso, los ayuntamientos implicados han querido subrayar que estos intercambios no se limitan a la cultura en sentido estricto. También son espacios para compartir buenas prácticas, poner en contacto políticas públicas, intercambiar soluciones técnicas y abrir vías de colaboración con retorno cultural, económico y administrativo. Hermanarse es, en este sentido, una manera de crecer: de aprender del otro, de reforzar redes y de tejer vínculos duraderos entre pueblas que comparten pasado, pero también desafíos y posibilidades de futuro.
La edición de este año ha sido posible gracias a la implicación decisiva de los colectivos y entidades que han dado cuerpo a la programación: : el Grup Veus de la Tardor de Puigpunyent, l’Escola Municipal de Música de Puigpunyent, la representació de la Llegenda del Bou d’Or de Puigpunyent, la Colla de Dimonis Gall de Foc de Puigpunyent, els Xeremiers Sa Colla des dit, la Batucada Rauxa de Puigpunyent, la Colla de Dimonis del Campello, les comissions de festes de la Vall de Gallinera, la Unió Cultural d’Amics i Amigues de la Vall de Gallinera, la Batucada Beni-Batuka de la Vall de Gallinera i la Cooperativa de Cireres Montanya d’Alacant.. A todas ellas, así como a las personas que han colaborado en la organización, el montaje, la acogida y el desarrollo de los actos, las instituciones organizadoras quieren trasladar un agradecimiento sincero.



También merece un reconocimiento especial la respuesta del vecindario y de todas las persones asistentes, que mantuvieron vivo el espíritu del encuentro incluso en las condiciones más difíciles. En tiempo de programaciones efímeras, la imagen de un pueblo que aguanta la lluvia y el viento para defender su cultura y su memoria compartida tiene algo de ejemplar.

Con este primer Intercambio Cultural del Mediterráneo, Vall de Gallinera y Puigpunyent no solo han celebrado un fin de semana de actividades. Han recuperado un buen trozo de su historia común porque perduro en el futuro. Han confirmado que el Mediterráneo, más que una distancia, puede continuar siendo un espacio de reconocimiento mutuo. Y han dejado claro que los pueblos, cuando se escuchan en profundidad, todavía son capaces de encontrar en la cultura una manera noble y fecunda de reencontrarse.





