“Anita Giner, la estrella del cine valenciano de los años veinte” es la nueva publicación de Vall de Gallinera con motivo del Día de la Mujer
El Ayuntamiento de Vall de Gallinera, de la mano de la Unió Cultural d’Amics i Amigues de Vall de Gallinera, ha organizado varios actos con motivo del Día de la Mujer.
Entre ellos destacamos la nueva publicación elaborada por Joan Miquel Almela, y editada por el Consistorio Municipal y con la colaboración de la Unió Cultural d’Amics i Amigues de Vall de Gallinera, el Instituto Valenciano de Cultura y la Filmoteca Valenciana destinada a contar la historia vital y profesional de Anita Giner.

Anita Giner nació a Vilallonga fue actriz del cine mudo valenciano de la mano de Maximiliano Thous, participa en la defensa de la República, se casó con uno de los fundadores del Partido Comunista inglés, después de la Guerra se exilió en Londres y acabó su interesante siente vecina de Benialí, en Vall de Gallinera.
Desde el Ayuntamiento de Vall de Gallinera se ha querido publicar esta biografía con intención de no solo contar una historia local sino también para repensar la historia del cine para descolonizarla y hacer valer las mujeres invisibilizadas.
Los actos, alrededor del 8 de marzo, tendrán lugar el 14 de marzo y estarán compuestos de:
Benirrama – Centro Social Lo Era
● 11:30h – Teatro infantil por la libertad y la igualdad «El juego de Lisa»
Benialí – Edificio del ayuntamiento
● 17.30h – Las mujeres en el siglo XIII. Poetisas. Dra. Irene Ballester (UV).
● 19.00 h – Presentación del libro “Anita Giner. La estrella del cine valenciano de los años veinte”, con Joan Miquel Almela Cots y Vicent Morera.

Anita Giner Soler, actriz valenciana de cine mudo
(Vilallonga, 1902 – Benialí, Vall de Gallinera 1974)
En la plaza mayor de Vilallonga, junto a la iglesia, nació el 1902 Anita Giner Soler, hija de José Maria Giner Martí (natural de Vilallonga) y de Ana Soler Ruzafa (natural de Alicante). Entonces nadie presagiaba el que le tenía reservado el destino.

Ben pronto cautivó al cineasta Maximilià Thous, y en 1924 apostó por Anita Giner para el papel protagonista de la película La Dolores. A pesar de ser su primer trabajo cinematográfico el éxito fue rotundo. El film era una adaptación del drama de Josep Feliu Codina con música de Tomàs Bretón. Thous pretendía imitar el cine clásico americano introduciendo el papel de la “mujer fatal” y lo consiguió gracias a la sorprendente interpretación de Anita Giner. Se convirtió así en la actriz revelación del cine valenciano de la época y Thous se la apadrinó para hacer más películas bajo su dirección. En 1924 protagonizó el film La alegría del batallón, una adaptación de la zarzuela escrita por Carlos Arniches y musicada por Josep Serrano. En esta ocasión, Anita Giner formó de nuevo pareja protagonista con el actor valenciano de moda Leopold Pitarch.

En 1925 actuó en el film Noche de Albades, una comedia dramática de costumbres valencianas estrenada al resto de España con el título de Noche de Alboradas. La adaptación de Thous del drama en tres actas de Josep Guzmán fue un éxito total, donde todavía resonó más en la prensa su genial interpretación. La cosecha de éxitos conseguidos comportó que en 1926 Maximilià Thous empezara el rodaje de un ambicioso proyecto llamado Moros y Cristianos, donde la actriz valenciana volvía a tener el papel protagonista. Pero las dificultades económicas pronto se dejaron notar para ser el proyecto demasiado pretencioso, la productora de PACE falló y la película no pudo estrenarse. La pasión de Thous por el cine acabó con aquel proyecto de Moros y Cristianos al tiempo que empezaba a ser toda una novedad el cine sonoro.


Seguramente, Anita Giner tuvo muchas ofertas de trabajo pero no volvió a salir a la pantalla hasta el año 1929, en el film catalán el Auca del señor Esteve. Su director, Lucas Argilés, adaptó la obra con las adiciones de Adrià Gual pero el film, estrenado en Barcelona, no gustó al público catalán y el éxito estuvo lejos de conseguirse. Esta fue, que sepamos, su última aparición a las pantallas.
La guerra civil cambió por completo la vida de Anita, y ahora iba a protagonizar una película de realidad y no de ficción. Apoyando en la República la encontramos, a principios del año 1938, trabajando como supervisora adjunta del hospital militar de Valdeganga a Albacete. Allí estaba junto al brigadista internacional Frank Ayres, un ferroviario de Yorkshire y fundador del Partido Comunista inglés, que a la vez era comisario político de Valdeganga y que había conocido en València.

La administradora del hospital era el inglesa Enano Green, la cual pronto estableció una gran amistad con Frank y Anita. Al poco de tiempo, Enano Green y Frank Ayres fueron acusados de desfalco en la administración del hospital. No obstante, estas falsas acusaciones eran fruto solo del despecho que el capitán médico Kretzschmar había tenido con Enano Green al haber rechazado ella sus intenciones amorosas. La primera consecuencia fue la detención de Anita Giner, culpada de esconder unas cartas que le había dado Frank Ayres sobre el funcionamiento del hospital. Acusada de espía por el capitán médico y por la supervisora, Anita -la bella supervisora adjunta del hospital- fue arrestada y conducida en Cuenca el mes de abril de 1938. Pocos días después, Enano Green fue obligada a dimitir. De este modo, las vidas de los tres se separaron por unos meses. Pero cuando Enano Green intentaba pasar en Barcelona se encontró milagrosamente con Frank Ayres en la estación de Vinaròs. Frank, a quien habían nombrado encargado del personal de la Spanish Medical Aid Committe, se llevó a Enano en el hospital que habían montado a Uclés, cerca de Tarancón, donde se volvieron a reunir los tres. Allí estuvieron hasta que estalló la batalla del Ebro y tuvieran que acudir en el frente, momento y lugar donde desgraciadamente moriría el marido de Enano, George Green.
Gracias a las gestiones de Enano Green, Frank Ayres y Anita Giner, los cuales ya estaban casados, pudieron abandonar España. Exiliados, se instalan en Londres en el mismo piso donde vivía Enano, y nuestra Anita Giner pasó a ser desde entonces Anita de Ayres y, por lo tanto, con nacionalidad británica. Frank y Anita marcharon después a vivir en el barrio de Battersea, donde a finales de 1942 también fue a vivir con ellos Enano Green. Aquel piso pasó a convertirse en una especie de común en el contexto bélico de la Segunda Guerra Mundial.
Acabada la guerra mundial, las actividades sociales empezaron a funcionar con más tranquilidad al Hogar Español de Londres. Anita era una asidua en aquel espacio cívico de los exiliados españoles que controlaba el partido comunista. Participaba en los festivales y en las fiestas especiales de Navidad, como en la de 1945 en la que bailó acompañada por el guitarrista Manuel Mantas.
Alrededor de 1968 Anita decidió volver a sus orígenes. Tal como lo veo, a pesar de ser natural de Vilallonga tenía fuertes raíces familiares en el valle de Gallinera. Por eso, nuestros protagonistas decidieron pasar sus últimos días en el pueblo de Benialí. Frank, Anita y su hermana Consuelo Giner, se pusieron a vivir al número 22 de la calle de la Plaza, en una casa que les dejó su primo Paco Pavia Giner. Frank y Anita hacían una vida tranquila, paseaban a a menudo e iban a jugar a dominó al bar, no tenían hijos.
Anita, que huía siempre de habla sobre su pasado glorioso como actriz, murió el 26 de febrero de 1974, quedando a Benialí solo los dos cuñados viudos. Encara en 1977, cuando se aprobó en España la Ley de Amnistía Política y Laboral, gracias a las gestiones de un amigo llamado Arturo Garcia Igual pudo Consuelo recibir una pensión como represaliada. Arturo Garcia feudo estas gestiones porque había trabajado en el Banco Popular de València donde había sido director el hombre de Consuelo, un tal Manuel. A esta pensión se unía la que cobraba de Francia, puesto que así como su hermana Anita se había exiliado en Inglaterra y no cobró nunca ninguna pensión, ella se exilió en Francia junto a su marido que murió allí a Banyuls-sur-Mer, cerca de Colliure.
Arturo Garcia cuenta, en unas excelentes memorias, como un día fue a Benialí a visitar a la ya muy mayor Consuelo. La cuidaba una vecina del pueblo, Amparito Alemán, y ya no podía levantarse de la cama. Le preguntó en qué cosa pensaba para ser tanto feliz a pesar de las dificultades que sufría y había sufrido, y Consuelo le respondió: <<En mi niñez; cuando recogía aquí en Benialí flores y plantas aromáticas por montes y barrancos>>. Arturo Garcia estuvo a punto de llorar.
Finalmente, en 1983 murió Frank Ayres y Consuelo Giner lo siguió en 1995. De la vida de los tres podríamos hacer una buena película. Sería un drama, pero con un trasfondo heroico que nos enseñaría a todos, que nos pensamos tan sabidos, cuáles son las bases fundamentales de la lucha por las libertades.





